La esperanza de vida a lo largo de los siglos ha ido progresivamente aumentando de los 20 a los 30 años, aumentado hasta los 40 el el siglo XIX, y llegando hoy en día hasta más de 80 años en muchos países. La medicina ha evolucionado para darnos más años, pero el cuerpo humano sigue “diseñado” para durar unos 35-40 años. Pasada esta edad el cuerpo va sufriendo distintos desgastes y un proceso de oxidación, que en conjunto llamamos envejecimiento, por el cual, las estructuras de nuestro cuerpo van sufriendo un deterioro y también sus funciones. Cuando llegamos a ancianos (y mientras llegamos) debemos mantener nuestras estructuras lo mejor posible, para que las funciones se realicen correctamente.

El mantenimiento de todas estas estructuras lo debemos hacer nosotros mismos a través de la alimentación, el ejercicio y los cuidados diarios. Para esta labor siempre contamos con el consejo y el trabajo de todos los profesionales de la salud, y por supuesto, del fisioterapeuta.

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